La pandemia empuja a algunos iraquíes, ya abatidos por los conflictos, a la pobreza

Por John Davison

BAGDAD, 6 may (Reuters) – Cuando tiendas y casas echan el cierre momentos antes del toque de queda, algunos iraquíes del distrito de Adhamiya, en Bagdad, dicen que reaparecen en su memoria los traumas del pasado, aquellos que destruyeron sus vidas y medios de subsistencia: escuadrones de la muerte, invasiones extranjeras y la ruina causada por las sanciones internacionales.

Ahora, la pandemia de COVID-19 es la fuente de su sufrimiento. En entrevistas con Reuters, media docena de personas del barrio de Adhamiya dijeron que el brote ha llevado a sus familias a la peor pobreza que puedan recordar.

«Durante dos años estuve alojado en casa de un amigo para ahorrar en el alquiler y envié todos mis ingresos —unos 350 dólares al mes— a mi esposa enferma y a mis hijos en Turquía», dice Abdul Wahhab Qassim, de 46 años. «Desde el confinamiento por el coronavirus no hay trabajo. No puedo ofrecer nada a mi familia».

Qassim dice que él y un número creciente de vecinos que hacen trabajos ocasionales o trabajan en pequeñas tiendas han visto cómo se evaporaban sus modestos ingresos. Recogen las cenas donadas por una familia en la mezquita local durante el mes santo del Ramadán, aceptando a menudo esta caridad por primera vez.

«Bastó con menos de dos meses de toque de queda para que muchos perdieran el trabajo», dijo Qassim.

Hasta ahora, Irak ha evitado una catastrófica propagación del nuevo coronavirus, registrando unos 2.200 casos y menos de 100 muertes, según el Ministerio de Salud.

Sin embargo, al igual que en muchos otros países, las medidas introducidas, incluido el toque de queda nacional establecido desde marzo, han supuesto el cierre de tiendas y la inactividad de los cabeza de familia parados en casa, con un impacto especialmente duro entre los sectores vulnerables de la población.

Un portavoz del Ministerio de Planificación de Irak, Abdul Zahra al-Hindawi, dijo que el 20 por ciento de la población vive actualmente en la pobreza y se espera que este porcentaje aumente a casi el 30 por ciento este año debido a las personas que se han quedado sin trabajo por la crisis.

El Gobierno anunció el mes pasado una prestación mensual de 25 dólares para los hogares que luchan por obtener ingresos sin salarios estatales. Al-Hindawi dijo que 13 millones de personas, casi un tercio de los iraquíes, solicitaron la ayuda.

La caída en picado de los precios del petróleo, que representan casi todos los ingresos de Irak, ya está castigando la economía, obligando al Gobierno a reflexionar sobre los recortes en su amplia nómina de trabajadores del sector público. El precio del petróleo ha caído más del 55% desde que comenzó el año.

DEUDA LOCAL

Irak se enfrenta al mismo dilema que la mayor parte del mundo: relajar las restricciones para ayudar a la actividad económica o mantener el confinamiento para evitar la propagación del virus.

Las autoridades levantaron recientemente el toque de queda durante el día pero anunciaron nuevas multas por incumplirlo durante la noche. La Organización Mundial de la Salud dice que Irak debe mantener el confinamiento.

Para tener cena gratis, Qassim y sus vecinos dicen que sortean el toque de queda. Con la mezquita cerrada, se reúnen para rezar, darse la mano y romper el ayuno del Ramadán en una tienda cada noche. Los hombres comen de grandes bandejas de plástico. Las mujeres recogen cajas de poliestireno de arroz y pollo para llevar a casa.

Ikhlas Majeed, que cocina en su pequeña cocina, dice que hay más familias necesitadas que nunca.

«Estas personas no reciben dinero del Estado. Ganan lo que pueden hacer en un día dirigiendo tiendas o trabajando en otra cosa. Debido a los conflictos del pasado, hay muchos hogares sin hombres que no tienen ingresos», dice.

SIN GOBIERNO

Irak se enfrenta a los retos económicos y sanitarios de la pandemia COVID-19 con un Gobierno en funciones.

Las protestas masivas del año pasado contra la supuesta corrupción de la elite gobernante, protagonizadas en su mayor parte por grupos de jóvenes desempleados, obligaron al primer ministro Adel Abdul Mahdi a dimitir el año pasado, pero sigue al cargo como jefe de un Gobierno en funciones.

El político que tendría que ocupar su cargo, Mustafa al-Kadhimi, tercer primer ministro de Irak en tres meses, está intentando formar un gabinete que los partidos rivales acepten mientras se acerca el fin del plazo, que vence esta semana.

Sin un nuevo Gobierno, el presupuesto de Irak, basado en unos precios del petróleo casi tres veces más altos que los actuales, no puede modificarse. El Banco Mundial proyectó esta semana que la economía de Irak se contraerá un 9,7 por ciento este año.

Abdul Mahdi dijo en una declaración el mes pasado que todos los países se enfrentaban a una crisis por la pandemia y que era importante que Irak redujera su dependencia de los ingresos del petróleo.

(Editado por Nick Tattersall; traducido por Andrea Ariet en Gdansk)

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