Trina Miguelina Marcano: Una leyenda, una historia

La Maestra Trina Miguelina como la bautizó su pueblo de Pampatar, ese pueblo que tanto amó y que registró en su memoria como el espacio donde hubiese querido nacer mil veces, mil años y hasta en 10 vidas distintas, porque para «Guela» Pampatar fue su vida, su pasión. Del pueblo de la sal brotó esa flor, esta legendaria morena que desde sus inicios como maestra probó la fuerza de su liderazgo en el aula y en las escuelas donde fungió como maestra y como directora. Tuvo ese privilegio «Mamá Trina» para convertirse en esa educadora de alma y corazón que ejerció ese sagrado privilegio de enseñar a los demás.

Su voz dulce, su espíritu de alma noble y la poesía que cargaba guardada en su corazón le dieron a esa mujer de alma bella la virtud de regar por los pueblos de Margarita un modelo de servir desde las perspectivas de la abundancia de afectos para formar ciudadanos con sentimientos y bondades.

Le correspondió a La Maestra Trina vivir tiempos de dictadura y de esas experiencias tuvo tinta en su tintero y experiencias escritas que forman parte de su libro de vida, pues también sufrió las inclemencias y martirios de vivir en dictadura donde el maltrato, la fuerza militar y el desprecio por el ser humano es la constante en estos tipos de regimenes despiadados. Por eso Trina odió con toda su alma a los dictadores y al comunismo, porque su modelo de demócrata a toda prueba la marcó para toda la vida y la visión de Jóvito Villalba su coterráneo y de Rómulo Betancourt, el padre de la democracia esculpieron en su alma de guerrera de las ideas el sueño de ver siempre a Venezuela libre.

Así transitó la Maestra Trina los senderos de la educación margariteña al llegar a La Ciudad del Silencio con su aureola de grande de la educación insular y donde compartió con los privilegiados de la pedagogía asuntina un concierto de ideas para formar a su generación. Así arribó Trina con sus sueños guardados en su memoria a la Escuela «Francisco Esteban Gómez, una institución de tradición que esperó a esta directora de lujo para formar un tandem de estrellas que hizo brillar la educación asuntina. De esa estirpe de la época que contaba con maestros del nivel de  Luís Beltrán Prieto Figueroa, Jesús Manuel Subero, Efraín Subero,  José «Cheo» Marcano y tantos otros extraordinarios docentes no se podía esperar menos que un río caudaloso de ideas grandes que germinaron en una generación que supo imponer sus ideas pedagógicas para la grandeza de los pueblos insulares. Todavía los estudiantes de la época recuerdan la elegancia de aquella morena pampatarense con su presencia vestal que la distinguía y la hacía lucir como una palmera de la sal en tierra del silencio. Ese tránsito por la educación emuló a Trina con Jesús Manuel y Efraín los tres faroles de la tierra del Cristo del Buen Viaje, ese maestro que les iluminó el pensamiento para que salieran de su pueblo a sembrar el conocimiento por los caminos de Nueva Esparta.

No conforme con su liderazgo en los espacios educativos y en la dirección de escuelas se enroló Trina Miguelina en la autopista de la política y de las manos de su amigo Morel Rodríguez, líder de AD en la región, caminó junto al roblero para alcanzar escaños importantes en la política regional. En el Municipio Maneiro dejó un modelo de cómo triunfar en la política con el servicio social y la atención a su gente al ser elegida por su pueblo como concejal en varias oportunidades y llegó a ser Presidenta de la Cámara Municipal desde donde apostó al desarrollo y a la grandeza de los pueblos maneirenses. Pero su carrera política y su liderazgo la hicieron llegar más arriba y fue electa como diputada a la Asamblea Legislativa al ser alzada en hombros por su gente hasta lograr la meta de ser legisladora por Nueva Esparta. La fuerza electoral de Trina ha servido de paradigma a muchos concejales y alcaldes que vieron en su figura legendaria a una poderosa líder social que por su carácter afable y su espíritu de grandeza le permitieron atesorar el cariño de sus coterráneos.

Con su restaurante «Trimar» también brilló en su Pampatar querido y ese espacio de la gastronomía sirvió de faro de luz para el nacimiento de la empresa culinaria en Margarita. La calidad de sus platos y la variedad de la comida fueron referencia en la Margarita de la época en ese espacio de esparcimiento a la orilla de la Bahía de Pampatar.

Grandes recuerdos deja La Maestra Trina en Pampatar y en todo Nueva Esparta, donde su fama de política de raigambre, de mujer de templanza en la toma de decisiones y su legendaria figura de dama de la política insula, le dio ese privilegio de recibir de los insulares un espacio en el corazón de su pueblo. Por eso muchos margariteños entre los cuales me incluyo, fuimos en muchas oportunidades a su casa de Jorge Coll a la conversación afable y al aprendizaje de quien tuvo la magia de compartir los afectos con su pueblo para llevarles felicidad. Más allá de los grande homenajes y reconocimientos que le hicieron a la Maestra Trina está el aplauso de su gente que siempre la colocó en un pedestal privilegiado en su tránsito por la vida política insular.

Pampatar y toda Margarita lloran la partida de la Maestra Trina Miguelina, los alcatraces armaron un jolgorio en la bahía, cayó una pertinza llovizna, las campanas de la Iglesia del Cristo del Buen Viaje sonaron con un repique tenue que casi lloraba de tristeza y que se conjugó con la visión distorsionada del Farallón de sus amores para dar el último adiós a la dama de la política. Desde la Caranta hasta Punta Ballena el mar hizo un  silencio sepulcral y el azul de la bahía se hizo más intenso para rendirle homenaje a ese ser humano de grandes afectos y bondades.

Los pescadores de Pampatar dejaron de faenar ese día, sacaron sus redes al sol en son de honores, los botes barloventearon, la música de Cuerdas Espartanas no paró de sonar y Jesús Avila desde el cielo le canto su «Cristo de Pampatar» para rendir tributo a la dama de la política insular. Atrás quedaron las lágrimas de sus hijas, de sus nietas y de mucha gente del pueblo de la sal que sintió nostalgia por la partida de esta gran mujer margariteña. Ahora quedarán los recuerdos, vendrán reconocimientos y homenajes a ese crisol de luz que engalanó la tierra de la sal por muchos años. De seguro que el cortejo que le recibirá en el Paraíso estará integrado por Efraín, Charo Rosas, José Rosas, Jesús Manuel, Nicanor, Nicanor. Hasta luego amiga, Dios la tenga en la gloria.

Adiós Maestra Trina aquí nos quedamos con su legado de fe y esperanza que servirá a los políticos para servir a la gente de sus pueblos y que aprendan que la nobleza del ser humano brota del alma como una veta y que su único objetivo es servir a la gente. Ahi queda pues esa historia, esa leyenda que por años se conversará y estará como referencia en las bibliotecas ny en la oralidad del pueblo de los tres golpes.

Notiespartano/Protagonistas/Manuel Avila

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