Egipcios sabían de los meteoritos mil años antes de lo pensado

Los antiguos egipcios conocían la existencia de los meteoritos y que estos contenían hierro mil años antes de lo que se pensaba, de acuerdo con un estudio llevado a cabo por la egiptóloga onubense Victoria Almansa-Villatoro, de la Brown University (Rhode Island, Estados Unidos).

“Al contrario que en algunos textos científicos del siglo XVIII en los que los meteoritos se describen como ‘piedras del rayo’, y se duda de su procedencia extraterrestre, en el mundo antiguo ya se sabía que el hierro podía caer del cielo. Este conocimiento aparece en los Textos de las Pirámides del tercer milenio antes de Cristo”, explica la experta.

La investigadora ha llegado a esta conclusión tras descubrir una creencia religiosa de esta antigua civilización desconocida hasta ahora: los egipcios pensaban que el cielo era un recipiente de hierro que contenía agua, trozos del cual podían caer a la tierra en forma de estos cuerpos celestes.

La clave estaba en la palabra “bjA”. “La relación entre hierro y cielo en el Antiguo Egipto que se conocía hasta ahora era la que aparece en la palabra para “hierro” usado en el Reino Nuevo (la época de Tutankamón o Ramses II, a partir del 1300 a.C. aproximadamente) que era “bjA n pt”, “el bjA del cielo”. La palabra bjA, sin el componente “del cielo”, está atestada ya desde el Reino Antiguo, que es la época de las pirámides (aproximadamente 2300 a.C.), y el tema de mi doctorado”.

Los especialistas habían descartado que «bjA» significara hierro porque se asumía que los egipcios no conocieron la existencia de este metal hasta la Edad del Hierro (primer milenio a.C.) y se asociaba más a «cobre». Sin embargo, «aparece frecuentemente en los Textos de las Pirámides y siempre en relación con el cielo: están hechos de “bjA” el trono en el que el faraón debe sentarse, los huesos del faraón, las estrellas, las cuerdas en las que el faraón sube al cielo…», apunta la especialista.

De este modo, demostrando que la palabra bjA en el Reino Antiguo significa hierro y cielo a la vez y releyendo así estos pasajes metafóricos: «Llegué a la conclusión de que, en estos textos, la visión del cielo es la de un recipiente de hierro que contiene agua. Del mismo modo que parte del agua cae a la tierra como lluvia, también “trozos” del recipiente pueden caer ocasionalmente como meteoritos», señala la experta.

«El hecho de que para los egipcios del Reino Antiguo el hierro fuese un trozo de cielo -continúa- le daría un valor simbólico añadido que podría situarlo en una posición superior a la de metales mucho más comunes como el oro».

Se ha encontrado hierro procedente de meteoritos (no disponían de la tecnología necesaria para fundir los minerales de hierro terrestre -se requiere une temperatura de más de 1.000 grados- pero el de los meteoritos podía ser batido con otras herramientas para alcanzar la forma deseada) en joyas como en las cuentas de collar predinásticas de Gerzeh, en objetos pertenecientes a la realeza como la varilla de peseshkef con el nombre de Keops, la daga de Tutankamón o la punta de flecha encontrada en el palacio de Amenoteph III

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