Polarización: Cuánto daño para un país, por Marco Antonio Villaroel

El desarrollo de la polarización ha basado su esencia en detener la búsqueda del bien común y en consecuencia su razón de ser no ha sido otra que la apropiación por el populismo de alguno de los extremos (que se hacen llamar la única oposición) del descontento de un pueblo agobiado por el deterioro de su calidad de vida. 

Pero, peor aún, están empeñados en su delirio por el poder en acabar con lo poco que queda de democracia, llegando a despreciar el diálogo como una forma pacífica de dirimir nuestras diferencias, fustigando el voto (acción que los puso donde están) como la única manera constitucional y democrática de generar cambios, sabiendo que en esta coyuntura económica, política y social, el sufragio se convierte en un derecho esencial. 

¡Cuánto daño ha hecho la antipolítica y la polarización! Ambos extremos solo tienen sintonía con ellos mismos, olvidándose de un pueblo que está sumergido en la más grave crisis de su historia y no hacen otra cosa desde dentro y fuera del país que estimular y agudizar esa polarización sin importar a quien se lleven por delante. 

En los extremos no subyacen tesis sino intereses, nos han conducido al filo de un abismo oscuro y muy profundo. Pero este pueblo les pasará por encima a ambos. 

Ante estos tiempos de incertidumbre debemos sacar del alma nuestro coraje, creatividad, valor e ímpetu para gestar una nueva política y una genuina democracia. Es necesario y urgente recrear la confianza en la política y en el voto, pero desde abajo, desde las bases, en los caseríos, en los pueblos, en los asentamientos campesinos, en la ranchería de los pescadores, en los sindicatos, en los gremios y en la universidad. No más política para decidir nuestro destino desde un escritorio en Washington, Bogotá o Madrid. 

Desde una nueva Asamblea Nacional, se debe generar un proyecto colectivo nacional, que dé como resultado que el país participe de manera activa en la resolución de sus problemas. 

Hagamos nuestro mejor esfuerzo por silenciar esas voces que se niegan a abandonar sus privilegios. Y que sea el pueblo desde la Asamblea Nacional el que impulse un nuevo orden colectivo en favor de una democracia que sea punta de lanza a la justicia, a la inclusión social, a priorizar la distribución del presupuesto en salud, educación, vivienda, seguridad e infraestructura, pero que sobre todo nos lleve a aceptar la pluralidad de ideas. 

Acabemos de una buena vez con esta polarización que tanto daño nos ha hecho. Reconciliemos al país. ¡Valor y pa’lante! 

MarcoAntonioVillaroel

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