Es necesario reclamar mayor atención para #NvaEsparta, por Morel Rodríguez Ávila

Los gobernantes tienen contraída con el pueblo y con la Carta Magna dos obligaciones principales: ser eficientes y sinceros, una y la otra, responderles honesta y cabalmente a los ciudadanos, sin exclusiones de cualquier naturaleza. En suma, trabajar con mucha fuerza y dedicación diaria, sea presidente, gobernador o alcalde, por el mejoramiento constante de cada municipio, estado y región de la república. O, como inventó la revolución para contrarrestar las cuatro gobernaciones que perdieron, los llamados “protectores”. Entender, además, que su esfuerzo –valga lo dicho- es “su pago” por haber recibido el apoyo que le llevó al poder local, regional o nacional. Creer que lo alcanzaron para el disfrute personal o el ser servidos, y también su partido, es una tergiversación perversa.  

Precisamente, el pensar así es lo que trastocó el cumplimiento de sus deberes primordiales y lo condujo por el camino equivocado. Error inmenso que tanto daño le ha producido a la república, a la democracia misma, al pueblo todo. Pues bien, tamaña pifia, que perfectamente le cuadra la categoría de fraude, igualmente corrompió sus gestiones e hizo peso para que también, muy lamentablemente, se fuese resquebrajando tanto la fe como la esperanza del pueblo en sus gobernantes y en los gobiernos que, rescatarla, será tarea ciclópea, pero no utopía afortunadamente, que cuanto antes se debe emprender para evitar se afirme.  

Ese reto forma parte del gran cambio que el país anhela se concrete porque, no hacerlo, es permitir que el país entero termine marginándose, muriéndose de mengua, retrocediendo, incrustándose finalmente en el vergonzoso subdesarrollo del cual tanto le costó salir.  

Ejemplo de lo que arriba se afirma lo constituye el estado Nueva Esparta. Su condición de insularidad no fue impedimento, sino más bien acicate en los gobiernos de la democracia, que hicimos lo posible para superar ése y muchos otros problemas promoviendo su industrialización, empeñados como estuvimos en que alcanzase ese nivel en materia de turismo y pesca, sobre todo, pero que los llamados revolucionarios antes que continuar esa obligante labor de progreso la paralizaron.  

Caso cierto: hundieron el Puerto Libre; espantaron a los inversionistas nacionales y extranjeros haciendo que la construcción, que aquí llegó a superar la que se daba en otros estados de la república, generando desarrollo y empleo, la detuviesen las draconianas actitudes y medidas punitivas que implantaron nacionalmente pero que incidió perniciosamente, por supuesto, en todas las regiones.  

Lo que hizo la democracia, todo sin duda alguna, trataron de borrarlo, pero les resultó imposible porque en Margarita y Coche quedan innumerables obras públicas todavía funcionando y, del comunismo hecho gobierno, apenas la peligrosa “trinchera” de Los Robles y el “nuevo puente” de La Restinga que, antes de terminarlo, ya se estaba hundiendo porque la corrupción obligó construirlo donde la naturaleza lo impedía. 

Y les cae toda la culpa porque tuvieron infinidad de recursos, pero nada de verdadera planificación, programas realmente promotores de progreso económico, de mejoramiento social y, en especial, sensibilidad, compromiso, responsabilidad y emprendimiento. El retrato de un estado abandonado, es el que muestra esta tierra insular actualmente.  

Al general que por aquí pasó, en helicóptero, habría que preguntarle qué hizo y por qué no hizo lo que pudo hacer ya que tena todo para hacerlo y, al actual gobernador, que no ha hecho nada demandarle el por qué se dejó arrinconar desde el principio cuando su deber era exigir que se le diese lo que Nueva Esparta merece. Ahora, demostrada su incapacidad manifiesta, ya es muy tarde para pretender roncar y reclamar lo que tenía que haber reclamado desde el mismo día en que asumió el mando. 

Entre uno y otro convirtieron a Margarita, que se la dejamos como tacita de plata, en un pobre pocillo de peltre, de ñapa todo golpeado. Afirmar que es mentira lo que en este escrito recordamos, resulta igual de imposible que decir que la mar no es honda ni menos salada. 

@MorelRodríguezA

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