Si todos coinciden en unirse, ¿por qué nadie da el primer paso?, por Morel Rodríguez Ávila

Como en pocas ocasiones anteriores de la siempre complicada e inestable política venezolana, en esta precisa oportunidad, cuando la nación atraviesa la más cruda y peligrosa crisis de toda su historia contemporánea, hay afortunada coincidencia entre la disimilitud de estudiosos de las ciencias políticas y sociales a la hora del análisis concluyendo en la urgencia de unificar criterios y concretar propuestas para el encuentro de la solución anhelada. 

Si bien pareciera severamente difícil logran tan apremiante objetivo, que luce inalcanzable,  porque  antes de disminuir su peligroso tamaño, por el contrario crece, es notoria la coincidencia que se da entre los especialistas, uno tras otro, apuntando en el blanco, respecto a la urgencia de alcanzar, con apremiante urgencia, una eficaz unidad, coherente y firme, escriturada y registrada ante millones de ciudadanos que la esperan de su liderazgo político, reclamo de todos los sectores fundamentales de la nación., que les está pidiendo decisiones Siempre y cuando, desde luego, se venza primero, y sin duda alguna, sin vacilaciones, la inveterada y perniciosa costumbre de anteponer lo personal y lo grupal al interés colectivo; un problema de nunca acabar en la Venezuela de estos tiempos de cielo tormentoso y rojo que distorsiona por completo el horizonte o, dicho de otro modo, esta vez convertido, sí,  en un árbol, muy grande de paso, que dificulta ver el bosque. 

La conclusión de los expertos analistas, clarísima advertencia, prioritario llamado, indiscutible recomendación y sobre todo propuesta terminante tiene inevitablemente un pero: será posible siempre y cuando el liderazgo opositor se ponga de acuerdo, en que no hay otro camino para llegar a donde se debe llegar, sino el de la unidad. Es una ruta única a seguir en estos días de tanta confrontación interna en la opositora mayoría donde cada líder de cada partido quiere imponer su parecer, su criterio, y ante esa Torre de Babel, un toma y dame  que a veces desespera y otras avergüenza, el gobierno, inteligente, experto en instrumentar la trampa y con todos los poderes dictatoríamente controlados, hay que reconocerlo, les va ganando la partida. 

No saber interpretar ese llamado, restarle importancia a esa advertencia y minimizar también el interés de una mayoría creciente que no quiere continuar viendo tan lamentable espectáculo, como el que protagonizan los dos señores del cuento peleándose lo que queda de una botella, terminará siendo el empujón que al país le hace falta para que se vaya por el barranco de la frustración. Por supuesto, detrás de ese liderazgo ciego y nada inteligente, y sordo, además; culpable de no haber visto la verdadera realidad, incapaz de interpretarla y por no escuchar el reclamo de la gente. 

La unidad perfecta –ojalá lo sea del todo- nunca como hoy resulta primordial e ineludible. Ya no puede seguir posponiéndose. Retrasar su encuentro, en la  práctica es favorecer la intentona del régimen de defenestrar definitivamente la democracia para entronizar en Venezuela el comunismo.  

Lo anterior es uno de los primeros temas para el análisis del por qué la urgencia unitaria. Se precisa, es la mejor respuesta. Porque en libertad plena un pueblo progresa apegado a la ley; en una dictadura hace lo que se le dicte, pero siempre atado, nunca libre. Prueba de ello es que desde que cayó la última dictadura, en más de medio siglo la libertad convertida en democracia construyó una nueva Venezuela y, en apenas dos décadas, el comunismo la destruyó integralmente, ¿o acaso es mentira? Y si lo es, ¡demuéstrenlo! 

Vale, pues, la gran pregunta: Si todos coinciden en unirse, ¿por qué nadie da el primer paso? Lo que recomiendan los expertos analistas es lo prudente, lo conveniente, lo estrictamente urgente. El actual es el momento preciso para actuar hacia ese propósito. Pero con honestidad, no intentado halar la brasa para su sardina; no con carta alguna bajo la manga; no cediendo a cualquier clase de chantaje, menos aceptando la vergonzante coima. Sí con la honestidad más palpable, la firmeza indestructible de un demócrata auténtico, de pasionario por la libertad al que nada le importa el sacrificio. 

Esa es la tarea a emprender cuanto antes, cumplida la de postular a los mejores, ojalá que así resulte, a la nueva Asamblea Nacional. Porque solo los mejores podrán ser quienes representen al nuevo país que deberá enfrentarse a lo que quede del oficialismo que busca la mayoría a como dé lugar y, para lograrlo, una vez más está blindado. 

La unidad, entonces, es el compromiso. Desechar la recomendación de los científicos de la política, no es lo correcto, constituirá un grave e imperdonable error. Desechar, a los politiqueros de cada partido, sí. Son estos últimos los que descomponen, desentonan, molestan. Y, lo peor: con sus particulares modos de entorpecer, estarían favoreciendo el avance del gobierno. 

 @MorelRodríguezA

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