Leopoldo, por José Angel Borrego

Confieso que me sorprendió “el nuevo” Leopoldo que escuchamos en rueda de prensa en España. Fue un Leopoldo que parece haber aprendido muchas lecciones políticas. Evitó histrionismo y evadió propuestas utópicas. Tampoco desestimó la importancia de Juan Guaidó y alertó sobre la exposición a que se somete con su coraje. Disertó sobre el arduo trabajo que tiene por delante. En síntesis, Leopoldo no dibujó un panorama fantástico ni una ruta fácil para acceder al futuro. Eso hizo de su discurso una pieza invaluable para el acervo suyo, en lo personal y de su liderazgo que se había visto ensombrecido en los últimos tiempos, no por situaciones inmorales, sino por ineficacia gerencial política que en Venezuela no existe. Y para enfrentar un régimen tiránico es imprescindible, ante la desventaja bélica, armarse de obuses de inteligencia, organización y efectividad.

Leopoldo tiene madera y vocación de liderazgo. Quien lo dude es obcecado en extremo. Quizás la permanente convulsión de su carrera política, una vez desprendido de PJ, o le ha impedido serenarse lo necesario para diseñar gerencias en su ejecutoria; o nosotros somos poco objetivos y vemos errores por ignorancia de la criptografía política.

El Leopoldo del martes en Madrid nos reconcilia con la expectativa por el futuro inmediato. Si Leopoldo logra conectarse con el país que se desespera ante lo infinito que se hace encontrar una salida a la crisis, podrá, primero, ofrecer mejores caminos hacia la etapa transicional que se espera prontamente; y luego, potenciar su figura joven, pero experimentada, para la asunción en el corto plazo de la conducción de los destinos del país con manos diestras.

Soy un ferviente suscriptor de las nuevas generaciones. Con pocas excepciones, las naciones comprenden esta realidad y eligen jefes de Estado que surgen de semilleros de relevo. No por ello abjuramos de la edad de políticos que exceden en mucho la tercera edad, pero sí reprobamos a aquellos que pretenden eternizarse y para ello obstruyen exprofeso el futuro de sus propios jóvenes.

Leopoldo se yergue como una esperanza, y ojalá podamos desbrozar nuestro juicio de inclinaciones partidistas. El viejo liderazgo puede aportar su experiencia, orientación y aliento, pero debe permitir que este país, en esencia joven, entregue el testigo a jóvenes comprometidos con el futuro.

JoséAngelBorrego

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