Crujientes albóndigas de pollo rellenas con queso

Ideales para acompañar cualquier comida, o incluso servirlas como pasapalo, estas albóndigas de pollo son una buena opción. Crujientes por fuera, gracias a un buen empanizado, se rellenan con un preparado con queso gouda.

Albóndigas de pollo rellenas
Ingredientes

600 gramos de pechuga de pollo molida
Sal al gusto
Pimienta al gusto
150 gramos de quedo gouda
1 yema de huevo
30 gramos de mantequilla pomada (blanda, a temperatura ambiente)
3 dientes de ajo
2 cucharadas de perejil fresco picado
Cantidad necesaria de harina para freír
1 huevo
Cantidad necesaria de panko o pan rallado
Aceite de oliva
Preparación

Empezar preparando las albóndigas, salpimentar el pollo molido al gusto. Opcionalmente, se puede agregar una clara de huevo (la sobrante del relleno) un poco batida para que compacte mejor. Mezclar bien, tapar con film transparente y reservar en la nevera mientras se hace el relleno.
Para hacer el relleno, rallar el queso Gouda y unirlo con el ajo y el perejil machacados previamente en el mortero, la yema de huevo y la mantequilla. Mezclar todo con las manos y extender la mezcla sobre papel film transparente, enrollar formando un cilindro y cerrarlo bien por los extremos ejerciendo una suave presión para compactar la mezcla.
Guardar en la nevera entre media hora y una hora. Una vez esté frío el relleno, con la ayuda de una cucharada de postre tomar porciones y hacer bolitas pequeñas con las manos. Reservar todas las bolas.
Sacar la carne de pollo de la nevera y humedecerse ligeramente las manos para evitar que se pegue, agarrar porciones con la ayuda de una cuchara sopera y ponerlas en la palma de la mano, con el dorso de la cuchara aplastar para que quede como una carne de hamburguesa, poner una bola del relleno de queso en el centro y tapar con la carne que la rodea formando una bola perfectamente sellada. Proceder de la misma manera con el resto de la carne y del relleno, hasta terminarlo.
A continuación, pasar las albóndigas por la harina, después por huevo batido y por último cubrirlas de panko o pan rallado, aprovechando para darles una forma lo más perfecta posible. Reservar las albóndigas en un plato amplio y dejarlas reposar media hora en la nevera. De esta manera, el empanado se secará un poco antes de pasar a freírlas.
Poner abundante aceite de oliva a calentar en una sartén honda y freír las albóndigas por todas sus caras, volteándolas con frecuencia para que se frían uniformemente. Pasarlas a un plato con papel absorbente, dejar reposar y servir

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