Biden pide poner fin a «guerra incivilizada» al asumir la presidencia de EEUU

Por Trevor Hunnicutt, Jarrett Renshaw y Patricia Zengerle

WASHINGTON, 20 ene (Reuters) – El demócrata Joe Biden juró como presidente de Estados Unidos el miércoles, prometiendo poner fin a la «guerra incivilizada» en un país atravesado por profundas divisiones políticas, una economía golpeada y una agresiva pandemia de coronavirus que ha causado la muerte de más de 400.000 estadounidenses.

Con una mano en una biblia antigua perteneciente a su familia, Biden prestó juramento ante el presidente de la Corte Suprema, John Roberts, poco después del mediodía (1700 GMT), prometiendo «preservar, proteger y defender la Constitución de Estados Unidos».

«Para superar estos desafíos, para restaurar el alma y asegurar el futuro de Estados Unidos se requiere mucho más que palabras. Se requiere lo más esquivo de todas las cosas en una democracia: la unidad», dijo después de jurar.

«Debemos poner fin a esta guerra incivilizada que enfrenta al rojo contra el azul, lo rural a lo urbano, lo conservador a lo liberal. Podemos hacer esto, si abrimos nuestras almas en lugar de endurecer nuestros corazones», apuntó.

Los temas del discurso de 21 minutos de Biden reflejaron los que había puesto en el centro de su campaña presidencial, cuando se describió a sí mismo como una alternativa empática al divisivo Trump, un republicano.

Había prometido una acción inmediata, y poco después de ingresar a la Casa Blanca el miércoles por la tarde comenzó a firmar una serie de acciones ejecutivas para revocar algunas de las políticas más controvertidas de Trump.

Las órdenes incluyeron exigir el uso de mascarillas en edificios federales, la reincoporación al acuerdo climático de París y poner fin a la prohibición de viajar en algunos países de mayoría musulmana.

Biden dijo a periodistas que Trump le había dejado «una carta muy generosa» pero que no revelaría su contenido hasta que no hubiera hablado con el ex mandatario.

Biden, de 78 años, se convirtió en el presidente de mayor edad en la historia del país, luego de asumir en una ceremonia reducida en Washington que se despojó de su pompa habitual, tanto por el coronavirus como por las preocupaciones de seguridad tras el asalto del 6 de enero al Capitolio, perpetrado por partidarios del mandatario saliente.

Tras desafiar las normas durante su mandato, Trump se burló de una última convención al dejar la Casa Blanca ya que se negó a reunirse con Biden o asistir a su toma de posesión, un quiebre con más de un siglo y medio de una tradición política que es considerada como una manera de ratificar el carácter pacífico de la entrega del poder.

Trump, que nunca reconoció el resultado de las elecciones del 3 de noviembre, no mencionó a Biden por su nombre en sus declaraciones finales como presidente el miércoles por la mañana, cuando promocionó algunas medidas de su Gobierno y prometió regresar «de alguna forma». Abordó el Air Force One por última vez y se dirigió a su retiro de Mar-a-Lago en Florida.

Los principales republicanos, incluido el vicepresidente Mike Pence y los líderes del Congreso del partido, asistieron a la toma de posesión de Biden, junto con los expresidentes estadounidenses Barack Obama, George W. Bush y Bill Clinton.

La compañera de fórmula de Biden, Kamala Harris, hija de inmigrantes de Jamaica e India, es la primera persona negra, la primera mujer y la primera estadounidense de origen asiático en ocupar la vicepresidencia tras ser investida por la jueza Sonia Sotomayor, la primera integrante de origen latino de la Corte Suprema.

Biden asume el cargo en un momento de profunda inquietud nacional, con el país enfrentando lo que sus asesores han descrito como cuatro crisis: la pandemia, la economía, el cambio climático y la desigualdad racial. El mandatario prometió una acción inmediata, incluida una serie de medidas ejecutivas en su primer día en el cargo.

Después de una amarga campaña marcada por las infundadas acusaciones de Trump de fraude electoral, Biden adoptó un tono conciliador y pidió a los estadounidenses que no votaron por él que le dieran la oportunidad de ser también su presidente.

La ceremonia se desarrolló frente a un Capitolio fortificado tras el asalto de una turba de seguidores de Trump hace dos semanas, alentados por afirmaciones sin pruebas de que la elección de noviembre le fue robada. La violencia, que dejó cinco muertos, llevó a la Cámara de Representantes, de mayoría demócrata, a votar por una impugnación a Trump, la segunda en su mandato.

«Aquí estamos, pocos días después de que una turba desenfrenada pensara que podían usar la violencia para silenciar la voluntad de la gente, para detener el trabajo en nuestra democracia, para expulsarnos de este terreno sagrado», dijo Biden. «No sucedió; nunca sucederá. Ni hoy, ni mañana, ni nunca».

Miles de soldados de la Guardia Nacional estaban el miércoles desplegados en torno al Capitolio. En lugar de una multitud de espectadores, la Explanada Nacional estará cubierta por casi 200.000 banderas y 56 pilares de luz que representan a personas de los estados y territorios de Estados Unidos.

«EL ALMA DE ESTADOS UNIDOS»

La toma de posesión de Biden es el cenit de una carrera de cinco décadas en el servicio público que incluyó más de tres décadas en el Senado de Estados Unidos y dos mandatos como vicepresidente bajo el expresidente Barack Obama.

Pero enfrenta crisis superpuestas que desafiarán incluso a alguien con su experiencia política.

La pandemia en Estados Unidos alcanzó un par de hitos sombríos en el último día completo de Trump en el cargo el martes, llegando a 400.000 muertes y 24 millones de infectados, la cifra más alta de cualquier país. Millones de estadounidenses están sin trabajo debido a cierres y restricciones relacionados con la pandemia.

Biden se ha comprometido a poner todo el peso del gobierno federal en la crisis. Su principal prioridad es un plan de 1,9 billones de dólares que mejoraría los beneficios por desempleo y proporcionaría pagos directos en efectivo a los hogares.

El monto requerirá la aprobación de un Congreso profundamente dividido, donde los demócratas tendrán escasas ventajas tanto en la Cámara como en el Senado.

Aunque Biden ha establecido una agenda intensa para sus primeros 100 días, incluida la entrega de 100 millones de vacunas COVID-19, el Senado podría ser consumido por el próximo juicio político de Trump, que seguirá adelante a pesar de que haya dejado el cargo.

El juicio podría servir como una prueba temprana de la promesa de Biden de fomentar un sentido renovado de bipartidismo en Washington.

Trump emitió más de 140 indultos y conmutaciones en sus últimas horas en el cargo, incluido un indulto para su exasesor político, Steve Bannon, quien se declaró inocente de los cargos de estafar a partidarios de Trump como parte de un esfuerzo por recaudar fondos privados para un muro fronterizo de México.

Pero no emitió indultos preventivos para él o los miembros de su familia, luego de especulaciones en torno a que podría hacerlo.

(Reporte adicional de Will Dunham; editado en español por Juana Casas/Gabriela Donoso)

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