Mons. Rafael Ramón Conde Alfonzo A más de un mes de su encuentro con el Padre

¿Hora? Perdí la noción, algo fuerte me sacudió un dolor, un dolor cargado de tristeza, solo un ¡cómo!, ¿cuándo? Y el dolor se tornó silencio; el silencio en lágrimas… las lágrimas en recuerdos… y así: Un almuerzo, despedir a quien DEBO TANTO  y dar la bienvenida a quien sin saberlo, esta Diócesis marcaría su vida como Pastor… Unos tras otros se fueron haciendo presentes. Cuantos almuerzos y cenas a la luz y sombra del legendario cotoperí único por su fruto alargado. ¡Cuánto afecto compartido con Marietta, su hermana, compañera inseparable! ¡Cuánta confianza  demostrada dejando en mis manos el manejo de los donativos para costear el nuevo trono y la carroza en los que me había empeñado en lograr para la Sagrada Imagen! ¡Cuánta consecuencia con su lema episcopal «siempre alegre en el Señor» y… cuánta tristeza cuando fue trasladado a la Diócesis de Maracay ¡Cuánta alegría cuando lo veíamos de nuevo en esta tierra a la que supo hacer suya! Nuestro último recuerdo: un sencillo y cordial almuerzo ofrecido por su hijo espiritual, se veía como siempre sonriente… Nos despedimos con un «Yo vuelvo».

Nunca pensamos que nuestro amado Padre lo quisiera tan pronto a su lado, olvidamos que El ve más allá de la apariencia, su Misericordia es infinita, sonrisa a cambio de dolor, descanso por sufrimiento, sabíamos que pasaría, era lo esperado. El y Ella lo querían feliz en un canto de adoración y alabanza con su sonrisa diáfana y entrega total.

Descansa en Paz, Pastor bueno Humilde, Sencillo, Hermano, no te has ido estás en nosotros.

CeciliaIsabelMataSánchez/CamareraOficialdeImagendeNtraSradelValle

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