Portugal traslada pacientes de COVID-19 a la isla de Madeira para aliviar sus hospitales

Por Victoria Waldersee y Miguel Pereira

LISBOA, 29 ene (Reuters) – Varias ambulancias escoltadas por la policía trasladaron el viernes a una base militar a tres pacientes de cuidados intensivos de los saturados hospitales de Lisboa para su trasladado por aire a la isla de Madeira.

Mientras el número de pacientes en las unidades de cuidados intensivos de Portugal alcanza niveles récord, el Gobierno regional de Madeira dijo que tenía 157 camas de sobra y que podía acoger a pacientes aunque también esté experimentando un pico de casos de COVID-19.

El sistema hospitalario portugués se tambalea bajo la presión del peor aumento de casos y muertes per cápita por COVID-19 del mundo, atribuido a una relajación de las normas en torno a la Navidad y a la rápida propagación de la variante del coronavirus detectada por primera vez en Reino Unido.

El Ministerio de Sanidad informó el viernes de 13.200 infecciones y 278 muertes, una cifra inferior a los niveles récord del jueves. Pero registró un nuevo pico de 806 personas en cuidados intensivos, lo que deja 44 camas vacías en el sistema de salud pública del territorio peninsular.

En el mayor hospital de Lisboa, Santa Maria, decenas de ambulancias han hecho cola durante horas en los últimos días. El viernes, los pacientes de carácter no urgente fueron enviados a centros de salud cercanos.

«No sabemos si los pacientes de las ambulancias tienen síntomas leves o graves. Está fuera de control», dijo Anabela Oliveira, jefa de los servicios de emergencia de Santa Maria.

El Gobierno ha prolongado el confinamiento en todo el país hasta mediados de febrero, ha prohibido los viajes no esenciales a sus ciudadanos y ha impuesto controles en la frontera con España.

Las calles de Lisboa amanecieron prácticamente vacías el viernes por la mañana, y todos sus residentes, excepto los trabajadores esenciales, permanecían confinados en sus casas.

«Llevamos un año con esto, se debería haber hecho algo antes», dijo Marco, un entrenador físico de 43 años cuyo estudio ha permanecido cerrado desde que comenzó el confinamiento.

«Era obvio que tenían que hacerlo. Pero estoy frustrado. No hay nada que hacer», dijo mientras paseaba a su perro.

Pocos creen que las restricciones vayan a levantarse pronto.

«Si en marzo las cosas van bien, estupendo, pero no lo creo», dijo Maria Rita Coutinho, de 69 años. «Mientras la gente no comprenda que tiene que respetar la situación, no iremos a ninguna parte».

(Información de Victoria Waldersee, Miguel Pereira; información adicional de Patricia Rua, Catarina Demony; editado por Andrei Khalip y Giles Elgood; traducido por Darío Fernández en la redacción de Gdansk)

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