¿Dedicas menos de veinte minutos a los preliminares sexuales?

Los preliminares son una parte fundamental del sexo que los expertos aconsejan cuidar. La teoría todos nos la sabemos: a estas alturas no vamos a descubrir a nadie que antes del coito, para incrementar el disfrute, hay que trabajar el terreno.

Los sexólogos ven con frecuencia en sus consultas las consecuencias de la falta de ‘calentamiento’, e indican que es necesario que ampliemos el concepto de preliminares: ya no sólo sería ese tiempo inmediatamente anterior a la penetración, sino un rato con valor propio y que puede concluir (o no) con otras prácticas como sexo oral o masturbación. ¡Y empezar hasta días antes, de manera psicológica y sutil!

Así lo subraya el doctor Jesús E. Rodríguez, sexólogo de MYHIXEL –marca de bienestar íntimo masculino– y director de Sexología del Instituto Sexológico Murciano, quien insiste en que el catálogo de prolegómenos es muy amplio, hasta incluir whatsapps, palabras, miradas, gestos o roces… ¿Eso ya es sexo? El debate sobre si estas formas menos físicas de activar el deseo lo son está servido. «No se trata de hacerlos todos de carrerilla, sino de ir probando y repetir lo que funcione», aconseja Rodríguez.

A un nivel más físico, los besos apasionados, los masajes, una ducha compartida o explorar el cuerpo del otro con curiosidad y con partes que no sean necesariamente las manos son algunos de los prolegómenos físicos y habituales más efectivos.

¿Cuánto tiempo deberíamos dedicarles?

Es complicado medir con un reloj cuántas atenciones mutuas hacen falta si buscamos llegar al coito en un estado de excitación óptimo, sobre todo en el caso de las mujeres, cuyos orgasmos pocas veces se producen únicamente con la penetración.

«Datos a nivel europeo nos dicen que el tiempo que se dedica de media al coito está entre cinco y seis minutos –indica Rodríguez–. Por eso, los preliminares en muchos casos son lo más placentero de una relación sexual y al mismo tiempo su calidad repercute directamente en la respuesta orgásmica». Además, añade, «nos dan pistas de cómo conectan nuestros deseos y sobre aquello que va gustando y funcionando y lo que no».

Más atención en época de Covid

Según la afamada ginecóloga estadounidense Jen Gunter, que se hace eco de distintos estudios en su libro ‘La biblia de la vagina’, la duración ideal del coito «sería de tres a siete minutos (entre uno y dos se considera demasiado breve y más de diez, excesivamente largo)». Y los preliminares ocupan a las parejas «una media de once a trece minutos». Aunque lo deseable sería extenderlos más.

«Según el Informe Durex, en una situación convencional, lo recomendable es que se extiendan durante al menos veintiún minutos si queremos asegurarnos de que el ambiente se caldee adecuadamente», apunta Rodríguez.

Y, al parecer, con la pandemia, el hecho de pasar más tiempo en casa ha redundado en un aumento de unos veinte minutos en los prolegómenos en más del 40% de las relaciones, según un dossier de Control, donde se estima que en la época precovid se dedicaban unos diez minutos al ‘pre’ y con la pandemia, hasta media hora.

¿Qué ocurre en ese tiempo mágico?

Que el cuerpo de los implicados se va transformando. A través de los sentidos –las caricias, el olor, la visión del cuerpo del otro, el sabor de la piel, el sonido de sus susurros– se activan zonas del cerebro que nos hacen segregar hormonas, la sangre fluye hacia los genitales… Es un proceso que ya en sí resulta satisfactorio, pero que además prepara el camino hacia el orgasmo, se elija el camino que se elija para alcanzarlo (si es lo que se busca).

«Debemos desterrar la idea de que ‘penetrar es lo que hay que hacer’ y de que los prolegómenos son algo previo a eso, como si, sin coito, no hubiese relación sexual completa», desmitifica Aritz Resines, sexólogo y miembro de XelebreakTanto él como Rodríguez consideran que la ficción audiovisual ha reforzado este topicazo.

Parece que todo contacto debe terminar en penetración. «En el cine y la televisión, por temas técnicos y de tiempo, no interesa plasmar encuentros con muchos preliminares… Van, por así decirlo, al grano. El problema es que la gente luego se toma esas imágenes como si fuesen la realidad. Y resultan, analizadas desde el punto de vista profesional, muy falsas», recalca Resines. Ahí van cuatro ejemplos.

1- ‘El cartero siempre llama dos veces’ (1981)

«Se les ve como muy alterados: la expresión de su cara, cómo tiran todo… Es una licencia cinematografica», indica Resines, quien considera que Jack Nicholson y Jessica Lange montan un buen «circo». Rodríguez, por su parte, apunta que «es para muchos la mejor escena de sexo de todos los tiempos». «El lugar no era el más adecuado: la cocina, con el cuchillo, la comida encima de la mesa… pero la tensión sexual entre los personajes era inaguantable.

Para los personajes y para los espectadores. Este es el claro ejemplo de que los prolegómenos pueden arrastrarse durante días y el coito se puede materializar en cuestión de minutos», apunta. Es decir, los preliminares eran mentales.

2- ‘Instinto básico’ (1992)

El coito de Sharon Stone con Michael Douglas con el punzón (supuesta arma homicida) bajo la cama «nos deja ante la duda de si ella es una asesina… pero, finalmente, ella está disfrutando tanto, o sintiendo cosas por él, que suelta el punzón y rechaza la posibilidad de hacerle daño.

¿Es amor o es pasión? ¿Cuáles son los límites? El sexo puede despertar nuestra faceta más animal, el mensaje del punzón en la escena puede significar supervivencia y finalmente conexión, pasión…», analiza Rodríguez. ¿Realista? «A ella la veo muy acrobática, retorciéndose de placer, aunque el tipo no está haciendo gran cosa para ello.

Desde una perspectiva de género, la mujer como peligro, una vez más», critica Resines.

3- ‘Expiación’ (2007)

El encuentro sexual de Keira Knightley con su impresionante vestido verde contra la librería de su mansión y con un entregado ‘partenaire’, James McAvoy, dándolo todo es una de las escenas sexuales más recordadas de los últimos años. «Otro ejemplo de ‘aquí te pillo, aquí te mato’ que puede contribuir a la idealización del sexo y la creación de falsas expectativas por la montaña rusa de sentimientos que hay en la escena, en la que los prolegómenos son fugaces». Al menos, los físicos.

Pero en esta ocasión sí que ha habido, como en ‘El cartero siempre llama dos veces’, una tensión anterior que ha ido alimentando el deseo hasta que estalla. «Es muy poético, muy bonito… pero poco frecuente», resume Resines.

4- ‘Jamón, jamón’ (1992)

¿Quién no recuerda a una jovencísima Penélope Cruz y a Javier Bardem dando rienda suelta a la pasión bajo el toro de Osborne? «Ella grita y se le ve en la cara casi expresión de dolor, parece que tiene poca experiencia y que el es el supermacho alfa que como que la ‘está haciendo mujer’.

En la vida real se debería preguntar más y tener cuidado para asegurarse de que ambas personas estén a gusto», aconseja Aritz Resines. «Pasan de los preliminares en un bar –besos-caricias– a la penetración, se transmite la excitación que tenían acumulada los protagonistas. El sexo es pasión y lo prohibido puede ser muy excitante», describe Rodríguez. El peso de la escena recae en la penetración, cómo no.

Notiespartano

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