Alguien por allí anda ciego por Morel Rodríguez Ávila

Los que andan en malos pasos desde luego lucen siempre asustados. Y para darse alguna fuerza, no solo silban cuando rozan la pared del cementerio sino hablan, aunque no se les entienda, a grito pelado. Además, desliz tras desliz o, en criollo, metiendo siempre la pata, evidencian que las tienen todas en su contra por lo cual cada vez más se estrellan en su errático camino.

Los que actúan de este modo, en política por ejemplo, retratan que lo perdieron todo, no importa si en conversación de oficina, en sancocho playero, en la ruleta o en una partida de truco. Lo peor es que hacia quienes así actúan, todo el mundo dirige la mirada, observa sus cabriolas y termina acumulando lástima por tal clase de personaje, un asunto que llama poderosamente la atención en estos tiempos de tanta duda, de disentimiento y, especialmente, de creciente pérdida de confianza en los valores, cuestión que preocupa a los responsables que democráticamente mantienen viva la fe en que la crisis, sea local, regional y nacional, debe terminar por las buenas finalmente.

Se dice lo anterior al cocerse las extravagancias que se llevan a discusión en los supuestos laboratorios donde, antes que examinar verdades, se fabrican mentiras y se arman emprendimientos para la descalificación y el reconcomio. Muy de lado dejan los que así conspiran que los acosa y terminará  dejándoles ateridos y sin fuerza alguna, la dura verdad de una anticipada derrota, que la tienen cantada en la voz y el grito de las mayorías insulares.

Han perdido el tiempo suyo y el de sus gobernados elucubrando situaciones que, a la hora de concretarse, se caen por débiles, improvisadas e imposibles de ser por lo menos atendidas por el pueblo. Cada uno de sus llamados han fracasado porque su armazón es a conveniencia de ellos y no del colectivo; porque han pretendido violentar a su favor lo que de antemano saben perdido y pretenden arrebatar a lo Jalisco. Pero no lo conseguirán. Todavía en Nueva Esparta hay gente seria en la política que lucha por el adecentamiento de este instrumento capital de la democracia.

Se aprecia lo anterior al comprobarse cada día el vertiginoso aumento del respaldo que se nos está dando en todos los sectores de la margariteñidad, reflejado tanto por las encuestas –válida medición de realidades- y el rechazo, sí, el rechazo que recibe el señor gobernador en su intento de reelegirse que, a la fecha, muestra muy poca fuerza, debilidad tremenda, que no sube sino baja, que no suma sino resta, ya convertido en misión imposible.

Pero, debe añadirse porque es muy cierta, tangible y prueba abrumadora, la enorme obra de gobierno que logramos construirle a Margarita y Coche durante la gestión que nos encargara el pueblo, al cual fielmente le cumplimos. Una abismal diferencia es la que salta a la vista, proveniente de todas las comunidades en los once municipios insulares en donde está sembrada una obra en cada pueblo.

Desde una iglesia a un dispensario, desde una súper escuela a un ambulatorio, desde una calle o una avenida a un ranchería y un muelle para pescadores, añadiendo los más significativos y exitosos planes sociales, entre ellos la cesta alimentaria, el tren de la salud, la póliza HCM y HC para trabajadores, pescadores, transportistas, escolares y esposas de los trabajadores. Además de haber firmado todos los compromisos  laborales y haber gobernado en paz con tirios y troyanos. Un gobierno que tuvo su reconocimiento, no sólo en Miraflores que lo calificó de ejemplar sino entre el propio pueblo. Verdades que, por serlo, no dan pena alguna recordarlas.

Esta catarata de evidencias, claro está, mueve a rencor y a mucha envidia para quienes, pudiendo haberlas imitado o superado, por le contrario nada hicieron.

Triste para los neoespartanos la historia, menos mal que fue breve, del general que por más que se dijo era experto aviador, aquí perdió el rumbo y, teniendo a su lado todo el poder de la amistad presidencial y la protección partidista, se estrelló estrepitosamente. E, igualmente triste, la del actual gobernador que habiendo hecho una obra muy gris como alcalde de Mariño, llega a la Gobernación –él sabe cómo llegó- sin nada qué decir, sin nada qué hacer y, lo peoo, sin saber hacer ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario.

Como su historia es muy reciente, dejémoslo hasta aquí..

@MorelRoríguezA

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