Festival de ambiciones por Manuel Avila

La gente se volvió loca. Todo el mundo quiere ser gobernador, alcaldes, diputados y concejales. No había visto tanta locura junta en momentos cuando el país está atrapado entre el ser y el no ser. Y la peor vaina es que todo el mundo se cree líder para aspirar a cargos de elección popular. Pero lo peor es que nadie ve por su espejo retrovisor para conocer sus limitaciones en una sociedad que da tropezones para recuperarse de la locura que nos gobierna.

Lo ideal es que la oposición entendiera la crisis del país y cada quien se ubicara en el lugar que le corresponde como legionario de una sociedad que necesita del esfuerzo de todos para salir del pozo donde estamos atrapados. Pero no hay conciencia ciudadana en una sociedad que se descompuso en medio de la carrera por la sobrevivencia. Y es que nos tocó vivir el peor episodio de la historia nacional con un gobierno sin rumbo sumergido en las profundidades de una crisis que agobia a toda una sociedad porque el bolívar como moneda nacional se desmoronó como un hombre con píe de barro y eso llevó a uno de los países más ricos del planeta a ponerse en la cola de las cenicientas del mundo.

El negocio petrolero se desbarató como consecuencia de las pésimas políticas de Estado y del torpe manejo de las relaciones internacionales. Nos quedamos sin valor en nuestra moneda y la estatal petrolera perdió el rumbo en un clima de corrupción jamás visto en estas latitudes. Pasamos a convertirnos en una de las naciones más pobres de la tierra. Eso suena duro al tímpano nacional, pero es nuestra realidad y debemos aceptarla sin dolor.

Pareciera que especulamos cuando lanzamos estas palabras al aire, pero es nuestra realidad y debemos aceptarla sin dudar de nuestra responsabilidad. Con toda esa carga revolucionaria de destrucción que se vino sobre los venezolanos por estar creyendo en espejitos de colores, no quedan dudas que la sociedad en medio de la crisis ha debido madurar en la toma de conciencia. Pero no ocurrió así, sino que se nos presenta “un Festival de Ambiciones” que pone en jaque el futuro nacional.

Los gobernantes malos olvidaron su desastre gerencial para tomar impulso y guardaron sus fracasos en su mapire y sin recordar que destruyeron ciudades y estados vuelven a retomar la senda de las ambiciones para aspirar de nuevo a cargos de elección popular.

En Nueva Esparta se presentó un caso de bicefalía gubernamental con un Gobernador electo por el voto popular que fracasó estrepitosamente en la conducción del estado y terminó sin pena, ni gloria una gestión anormal por lo incoherente y por mala. Nada hizo el tipejo para volver a poner su nombre en el tapete más nunca en su vida y sacó coraje de alguna parte de su alma para presentarse de nuevo en la escena electoral con el mismo ropaje de Fracasado Gobernador. NI una sola obra hizo que enorgullezca a los neoespartanos y que le permita al ciudadano aplaudir su ambición reeleccionista y tampoco hizo algún intento por demostrar fue el Gobernador de Nueva Esparta. Nada hizo y pretender justificar su invisibilidad gerencial con la figura del Protector perturbador es solo una táctica equivocada. Pero fue más lejos el pretender que lo ratificaran como candidato único a gobernador solo porque fue electo por el voto popular, pero nunca verá la torta que dejó en el Porlamar de sus amores convertido en un mausoleo de fantasmas y lo peor haber convertido a Nueva Esparta en una región fantasma. Destruyó a Margarita y Coche y pretende seguir jugando a la invisibilidad.

Al Protector que también le entró dinero por presupuesto de estado le corresponde la otra mitad de la responsabilidad que no supo cumplir y dejó morir a una región próspera que vio sucumbir sus servicios fundamentales ante la mirada complaciente de un mandón sin timón. Todos los servicios se volvieron pedazos en la misma cara del Protector que terminó con pocos dígitos en las encuestas de opinión y condenado al fregadero de la política. Eso llevó al PSUV a realizar una consulta que arrojó un empate técnico con la Alcaldesa de Díaz para enredar más la crítica situación del candidato revolucionario. Lo cierto es que la gente no quiere al Protector porque no resolvió ninguno de los problemas de la región y más bien empeoró la calidad de vida de los ciudadanos.

Con esa bicefalía fracasada solo las ambiciones marcan la pauta de las elecciones regionales y pone sobre el tapete a dos candidatos raspados por la evaluación popular.

En las Alcaldíaa hay una locura generalizada con cantidades innumerables de candidatos a alcaldes que no llegan al 2% de popularidad y miles de ambiciosos aspirantes a concejales sin liderazgo y sin votos. Pareciera que la idea es figurar en un tarjetón, aunque no tengan votos. Aquí la locura es mayor y nadie los convence que no tienen ni liderazgo, ni votos, ni chance de coronar victoria alguna.

De los diputados ni se diga porque las ambiciones son superiores y cada cual anda por su lado tejiendo ilusiones y construyendo castillitos en el aire.

Mientras tanto las encuestas le dan a Morel Rodríguez una gran ventaja sobre los dos de la bicefalía del fracaso y ha creado una matriz de opinión que en menos de dos meses es insuperable por los dos fracasados. Pero persiste el Festival de Ambiciones” y los candidatos siguen sin volver a la realidad porque su mundo es de ilusiones y de jugar a trancar el juego a como dé lugar.

Lo más importante es que los neoespartanos están muy claros y eso lo recoge la encuestadora Datincorp que a dos meses del 21 N dio la campanada para que cada quien se vea en su espejo. La terquedad prevalece y los candidatos sin gestión deambulan en medio del clima de angustias soñando con que la gente cambie el rumbo de la historia y eso no podrá ser.

Encíclica/ManuelAvila

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