José Miguel Vivanco: Latinoamérica está abandonada a su suerte

La salud democrática de Latinoamérica atraviesa uno de sus peores momentos. Las dictaduras como las de Venezuela y Nicaragua se consolidan, mientras la de Cuba se perpetúa y endurece la represión contra cualquier iniciativa de disidencia en las calles. Otros países, como El Salvador, ve como su presidente, Nayib Bukele, apunta maneras para convertirse en un nuevo caudillo en la región. Mientras tanto la comunidad internacional, incluida España, responde con tibieza a las violaciones de derechos y falta de libertades que sufren sus ciudadanos.

De visita en España, el director para América de Human Rights Watch (HRW), José Miguel Vivanco, espera reunirse esta semana con el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, «para poder compartir con él nuestras preocupaciones y nuestro diagnóstico de una región que se enfrenta a gravísimos retrocesos en materia de libertades públicas, sistema democrático y de gobierno, y de derechos fundamentales», señala Vivanco en una entrevista con ABC. «También si uno aspira a que la Unión Europea (UE) tome posiciones más comprometidas con estos temas, es vital que España, a la que el resto de los miembros de la UE miran como el miembro que tiene una relación especial con América Latina, tenga un compromiso mayor con estos temas a escala regional. El propósito es buscar las oportunidades para que España desempeñe un papel mucho más visible en estas materias en América Latina».

–Mientras el gobierno de Pedro Sánchez ha hecho declaraciones contra las detenciones de opositores por parte del régimen de Daniel Ortega en Nicaragua, no se ha mostrado crítico contra la represión del gobierno de Cuba tras la manifestación histórica del pasado 11 de julio. ¿A qué cree que se debe esa diferencia de criterio al cuestionar lo que sucede en la isla?

–No es solo España. El tema de Cuba divide las aguas aún más que cualquier otro tema, incluyendo Venezuela y Nicaragua. Eso es debido a que muchos de los países que deberían ejercer presión hacia la dictadura cubana, y manifestar claramente su rechazo a las violaciones sistemáticas de los derechos que allí se producen, tienen diferencias muy fuertes con EE UU. hacia su política exterior con Cuba. Un rechazo visceral a las sanciones unilaterales que impone Washington hace más de 60 años. Lamentablemente, por ese motivo es difícil conseguir que gobiernos de distintas tendencias políticas en Europa y en América Latina asuman un rol claro y firme de condena, y no solo de forma verbal y retórica, sino con medidas diplomáticas concretas dirigidas a influir o a impactar en el gobierno cubano.

–HRW publicó hace unos días un informe extenso sobre la represión que ha ejercido el gobierno cubano sobre aquellas personas que salieron a manifestarse el 11-J. Para el próximo 15 de noviembre hay otra marcha convocada en distintas ciudades cubanas, ¿le preocupan las consecuencias después de lo sucedido el 11-J?

–Es difícil saber lo que va a pasar: si va a haber o no protestas; y es fácil saber lo que va a pasar si las hay, porque ya lo hemos visto, en relación con la reacción brutal del régimen para impedir cualquier tipo de manifestación. Se han encargado de que todos los cubanos sepan que quien pasa la raya es castigado, sin debido proceso, en una situación de total indefensión. Es obvio que preocupa, pero es posible que el miedo logre imponer su voluntad, como parece ser el objetivo, generar el terror en la población, y que sean muy pocos los que se atrevan a salir porque saben que el costo de hacerlo es muy alto.

–Los organizadores de la marcha del 15-N están pidiendo que la iniciativa tenga visibilidad internacional, para que así los participantes estén más protegidos ante la represión. ¿La comunidad internacional debería observar esta manifestación para brindarles cierta seguridad?

–Los gobiernos que tienen presencia diplomática en Cuba, que interactúan con su gobierno, deberían defender públicamente el derecho a la protesta pacífica. E incluso más. Yo espero que la alta comisionada de Naciones Unidas para los derechos humanos, Michelle Bachelet, que finalmente se pronunció sobre la situación en Cuba e hizo un llamamiento a la protesta pacífica, cinco días después del 11-J, yo espero que intervenga pronto y haga algún pronunciamiento exigiendo al gobierno cubano que respete el derecho a la protesta pacífica.

–El 7 de noviembre se celebran en Nicaragua unas elecciones cuyo resultado conoce todo el mundo, pues Daniel Ortega ha retirado de la carrera electoral a la oposición, a la que ha encarcelado. ¿Qué debería pasar el 8 de noviembre? ¿Cómo debería reaccionar la comunidad internacional?

–Creo que no hay ninguna opción distinta a la de que el mayor número de Estados democráticos del mundo debe condenar y rechazar, explícitamente, públicamente y masivamente, un proceso electoral como el que está impulsando la dictadura de Nicaragua, y dejarle muy claro a Ortega que a partir de ese minuto se acaba la poca legitimidad que tuvo desde la última vez que fue elegido. Y pasa directamente a presidir un régimen de facto, con todas las consecuencias que eso implica.

–Ortega parece tener como referencia al régimen de Cuba, que tras más de seis décadas se mantiene, y como él espera perpetuarse.

–El plan de Ortega es aferrarse al poder hasta su muerte. El costo que deba pagar para cumplir con ese objetivo para él es secundario. Es absolutamente descarado lo que ha hecho: sacar de circulación, secuestrar a cualquier rival que pudiera haberle derrotado en las elecciones, los ha acusado de cualquier cosa y los tiene prisioneros para que no compitan. Qué valor tiene un proceso electoral en esas condiciones, sin libertades públicas, sin sociedad civil, con las oficinas confiscadas de medios de comunicación que han sido intervenidos, y con todos los líderes de la sociedad civil y de la oposición en prisión… No va a recibir, creo yo, el reconocimiento de nadie, salvo de dictaduras similares.

–Las elecciones, que deberían constituir un instrumento democrático, en Latinoamérica se han convertido en un instrumento para legitimar dictaduras, como las de Nicaragua y Venezuela.

–Lo que ocurre es que se ha ido degradando fuertemente el concepto de Estado de derecho y de principios democráticos. Creo que se ha impuesto la idea en toda la región de que basta con acceder al poder por la vía electoral y luego quien fue elegido puede gobernar a su antojo sin respetar las reglas del juego democrático. Lo que usted señala, respecto a Nicaragua y Venezuela, es lo que corresponde a prácticas propias de una dictadura. Allí no hay siquiera una intención de guardar una fachada. Son dictaduras que ya se están consolidando, casi como la cubana, que está plenamente consolidada. Están buscando fórmulas que haya que implementar para permanecer en el poder a cualquier precio. A una dictadura no le importa exhibirse como tal. Lo grave es que en el resto de la región está proliferando la noción de que una vez que eres elegido democráticamente puedes cambiar la Constitución, perseguir y estigmatizar a los medios de comunicación, intervenir el poder judicial para en la práctica poder gobernar sin mayores controles. Eso es lo que, desgraciadamente, está creciendo cada vez con más fuerza.

–¿Se refiere a lo que está sucediendo en El Salvador, con el presidente Nayib Bukele?

–Él es un buen ejemplo. Y es alguien que intenta guardar la fachada electoral, pero que va camino aceleradamente en la dirección de convertir a El Salvador en una dictadura, en un gobierno personal, en una tiranía…

–Hay quien le ha calificado como un caudillo de nuevo cuño…

–Es un populista autoritario que está tratando de diseñar un gobierno a su medida, ya viene un cambio constitucional y ya logró el control total del poder.

–Otro foco de violación de derechos es Venezuela, que en noviembre celebra elecciones regionales, y hasta hace unos días se había sentado a negociar con la oposición, en México. Conversaciones que Maduro rompió tras la extradición a EE UU de su presunto testaferro Alex Saab… ¿Se muestra optimista sobre ese acercamiento entre el gobierno de Venezuela y la oposición?

–Creo que es evidente que el gobierno de Venezuela no es serio. En este proceso de negociación está buscando una fórmula para ganar oxígeno y estoy convencido de que la principal razón por la que está en la mesa, aparte de una cuestión de relaciones públicas para que se crea que están dispuestos a dialogar con la oposición, son las sanciones de EE UU y la investigación que adelantó la Corte Penal Internacional (CPI) por crímenes de lesa humanidad en Venezuela. Una investigación preliminar que está abierta en la Fiscalía de la CPI. Esos son los incentivos que tiene la dictadura de Venezuela. En la práctica ellos están mirando más bien a Washington cuando negocian en México. Están viendo si los movimientos que pueden ofrecer en México sirven o no para que Washington levante las sanciones, y para que la CPI no siga avanzando en esa investigación preliminar. Todo esto es tan frívolo, la presencia de Maduro en esa negociación en la que llegaron a sugerir que uno de los integrantes de la delegación fuera el señor Saab, mientras estaba detenido en Cabo Verde. Y ahora que ha sido felizmente extraditado a EE UU tienen el descaro de suspenderlo todo porque han extraditado a un personaje que está investigado por hechos de corrupción, malversación y lavado de dinero en EE UU. Es patente la falta de seriedad y de interés real del régimen de Maduro por iniciar un proceso de negociaciones. Esto no quiere decir que yo esté en contra de las conversaciones, al contrario, creo que es una gran opción para lograr por la vía de la negociación una transición de la dictadura a la democracia. Pero por las actitudes del régimen creo que ese proceso no va a llegar a su destino.

–Estados Unidos ha apoyado esas negociaciones, ¿cuál es la política que está desarrollando el presidente Biden hacia América Latina desde que llegó al cargo?

–No es clara. Yo diría que la política está orientada fundamentalmente a parar la emigración de Centroamérica hacia EE UU. Esto demuestra que el tema no es la política exterior, sino de política interna por la presión que siente Biden en lo interno. Incluso las iniciativas de los viajes de la vicepresidenta Kamala Harris a Guatemala y luego México, y de otras autoridades a Centroamérica y a México, donde todo está orientado a un solo objetivo: parar, como sea, las caravanas (de inmigrantes). Porque para ellos eso es una cuestión de política interna. Mi impresión es que Biden ve a la región como una fuente de problemas. La inmigración es uno, el otro es el cambio climático y la deforestación del Amazonas, en el caso de Brasil; y el tercer tema sería el narcotráfico. Yo no veo una política definida más allá de la retórica dirigida a fortalecer, a defender y restaurar la democracia en América Latina. Y eso incluye Venezuela y Nicaragua sobre la base de sanciones selectivas, con la que se cancelan visas y se congelan bienes. Sobre esa base es difícil conseguir resultados.

Es cierto que la administración Biden es aún muy joven, tiene diez meses, pero hasta ahora no ha dado mayores señales de una política realmente concreta. Ha dado más bien señales de una ineficacia apabullante. Mire las advertencias que le han hecho a los gobiernos centroamericanos, desde Kamala Harris pasando por el propio Blinken, que han advertido que EE UU no va a permitir el deterioro democrático, que hay que defender las libertades. Y hasta ahora no hay ningún indicio de que esta política, que retóricamente está en lo correcto, tenga el menor impacto. Lo cual es gravísimo para la defensa de la democracia en todo el continente, porque si un país pequeño, como El Salvador o Nicaragua, puede avanzar con un proyecto autoritario y seguir asfixiando más y más a la sociedad civil, a los medios de comunicación, retrocediendo en materia de libertades democráticas, y no pasa nada…, qué queda para Bolsonaro, en Brasil; o para Andrés Manuel López Obrador, en México, dos frentes autoritarios, populistas, que ven cómo estos pequeños países logran socavar la democracia -en el caso de Nicaragua no hay una democracia, está afianzando la dictadura-… Ellos entienden que no hay mayores riesgos.

–Viendo el papel de EE UU y la Unión Europea en la región, da la sensación de que Latinoamérica está abandonada…

–Yo creo que está abandonada a su suerte. Lamentablemente está cada vez más bajo el control de autoritarios que ejercen el poder sin límites. Lo usual en la región es que siempre existan referentes democráticos, como en su momento, hasta cierto punto, lo constituyó el Grupo de Lima. No era perfecto pero defendía valores. En su día existían líderes regionales con suficiente peso y credibilidad como para defender la región de derivas autoritarias: Felipe Henrique Cardoso, en Brasil… Pero cuando en la región no tienes esos referentes, porque tienes un Bolsonaro que anuncia que si él pierde las próximas elecciones no reconoce el resultado; y tienes a López Obrador, que hace todos los esfuerzos por controlar el poder judicial, ataca a los medios de comunicación, a la sociedad civil… Realmente ambos líderes tienen un libreto muy similar. Aunque ideológicamente son contrarios, en los hechos buscan acumulación de poder, aferrarse a él y debilitar los mecanismos de control para ejercerlo sin límites. A escala regional no encuentras mayores apoyos. Es muy revelador las votaciones que se han dado en la Organización de Estados Americanos (OEA) a propósito de Nicaragua, donde ya por segunda vez Argentina y México se abstuvieron de condenar a un régimen que está flagrantemente violando todas las normas más elementales de un sistema democrático. Cuando eso ocurre, ¿qué te queda?, ¿la comunidad internacional? ¿Y qué es la comunidad internacional? Guterres, secretario general de la ONU, brilla por su ausencia, incluso en los casos de Cuba, Venezuela y Nicaragua, pues no merecen mayor preocupación ni ninguna iniciativa para él. No están en su agenda. Lo que queda es Washington y la UE, no hay más dónde acudir.

Notiespartano/ElNacional/

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